El milagro de la siembra y la cosecha

Promesas bíblicas: Gál.6:7-10; 2 Co.9:6-11; Prov.11:18; 28:27; Mt.7:12; Lc.6:38

En Gálatas 6:7-10 la Biblia nos dice: “No os engañéis, Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre (la persona) sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne (egoístamente), de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu (para el bienestar físico y espiritual de otros) cosechará vida eterna. No nos cansemos pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, mayormente a los de la familia de la fe (otros cristianos)”.

Recuerdo en uno de los viajes a EEUU que realicé con mi padre, que visitamos la casa y la chacra (granja) de un creyente llamado Iván Swanger. Este hombre tenía un gran campo donde se dedicaba  al cultivo de tomates y repollos. Tenía una gran máquina que cosechaba estos productos, y además contrataba cada año personas que también trabajaban levantando la cosecha. Nos contaba que toda la cosecha de tomates la vendía a una fábrica de “kétchup”. Como yo toda la vida me crié en la ciudad o en pueblos, conocía poco de esta actividad, y me fascinaba todo lo que contaba. Recordaba que en los tiempos bíblicos muchas personas se dedicaban a la agricultura, y el Señor Jesucristo en sus parábolas se refería a esta actividad con frecuencia, pues para todos era un tema familiar y conocido.

Las leyes de la siembra y la siega se aplican a todas las personas, en todo el mundo y en todos los tiempos, sean cristianas o no, sea que estén conscientes  de dichas leyes o no. Por eso es mucho mejor que entendamos sus principios, para disfrutarlos al máximo, y para evitar las consecuencias de una mala siembra, y una cosecha negativa. Veamos algunas de estas leyes:

1. Para cosechar, hay que sembrar primero (por fe) y esperar un tiempo.

2 Tim.2:6 “El labrador, para participar (disfrutar) de los frutos, debe trabajar (sembrar) primero. Lc.6:38 dice: “Dad (primero) y se os dará (después)”.  Esto parece demasiado elemental, pero con frecuencia  nosotros las personas esperamos prosperar primero, y tener abundancia, antes de practicar la generosidad o ayudar al prójimo.  Continuamente Jesús exhortaba a sus discípulos a ser personas de fe, y esto incluye sembrar primero, para segar después.

Los suegros de mi hijo Guillermo siempre han vivido en el campo, y yo solía visitarles y conversar con ellos, y mi respeto por los trabajadores del campo aumentó en gran manera mientras escuchaba acerca del trabajo de agricultura. Los chacareros, en el caso de algunos cereales, siembran en Mayo de cada año, y  cosechan recién en Octubre.  El proceso del crecimiento de una planta no se puede acelerar, sino dejar que la naturaleza siga su curso.

Los agricultores tienen que “soltar” la semilla, sepultarla bajo tierra, y dejar que se desarrolle según su especie.  Se cuenta que en África para capturar monos, suelen poner algunas nueces dentro de una calabaza hueca, y la entierran en un claro frecuentado por estos animales pintorescos, dejando la boca a la vista. Los simios olfatean las nueces, meten su garra dentro de la calabaza, se aferran a las” golosinas” que hay dentro, pero al formar un puño, ya no pueden sacarlo de la calabaza, y los nativos los capturan fácilmente. Si tan solo soltaran las nueces quedarían libres, ¡pero no quieren perder  su comida!  Lo mismo nosotros: necesitamos mediante una dádiva sin hilos atados, soltar eso que estamos dando, y dejar que Dios se encargue del resultado.

Recuerdo la historia del pastor Wimber de la iglesia Vineyard en  EEUU. Él deseaba que hubiera sanidades milagrosas en su congregación, así que, guiado por el Espíritu Santo, predicó y enseñó acerca de la fe y milagros durante un año, y entonces comenzaron a experimentar hermosas sanidades de todo tipo.

2. Para cosechar algo bueno, hay que sembrar buena semilla.

En otras palabras se cosecha lo mismo que uno siembra. Prov.22:8  “El que sembrare iniquidad, iniquidad segará, y la vara de su insolencia se quebrará”   ¡Las plantas de espinos no producen  manzanas, y los cardos no producen naranjas!  Recuerdo que durante una  época cuando trabajaba en la colonia Valle del Lago,  teníamos una quinta o huerta. Un chacarero de la zona nos asesoraba, y nos decía que era muy importante comprar semilla de buena calidad, y eso hacíamos, y era fascinante ver crecer las plantas de papas, tomates, lechuga, y otras verduras.

También recuerdo el caso de un amigo mío que tuvo que viajar muchos kilómetros por varios estados en  EEUU, y para economizar, compraba una gasolina de baja calidad. Pero al poco tiempo cuando recorría las autopistas, ¡notaba que su auto andaba  a paso de tortuga, comparado con los otros!    Un misionero que conocí años atrás me contó que una vez recibió una  encomienda de un creyente, que le mandaba una donación. Adentro de la caja decía: “Hermano Fulano, aquí le envío una caja de saquitos de té. Le garantizo que han sido usados una sola vez cada uno”.

Si tengo necesidades financieras, debo sembrar dinero, sea en forma de diezmos, ofrendas y limosnas;  si necesito compañerismo, debo sembrar amabilidad, diálogo, y buenos oídos; si necesito ayuda práctica, debo sembrar favores a otras personas;  si necesito optimismo y alegría, debo por fe sembrar sonrisas, elogios, humor, etc.

Es importante sembrar buena semilla (material  positivo,  moral  y edificante) en nuestras mentes, para cosechar inspiración, fe, y paz y sabiduría. Muchos cristianos tienen una fe débil porque llenan su mente de “chatarra” (programas de TV, música secular, revistas que no edifican, conversaciones negativas, Internet) y no lo alimentan con la viva Palabra de Dios. Ro.10:17   “La fe (viene) por el oír, y el oír de la palabra de Dios” Se puede decir lo mismo al revés: “La fe se va o disminuye oyendo y leyendo cosas que no edifican”.

3. Siempre se cosecha mucho más de lo que se siembra.

Cada semilla que germina y crece produce, digamos,  100 semillas, que a su vez  puede cada una producir 100 semillas más. Los agricultores gastan miles de dólares comprando buena semilla, porque saben que eso se multiplica a la hora de la siega.   En mi valija siempre llevo algunas semillas de manzana para ilustrar esta verdad, y en lo posible cuando predico, hago un dibujo rústico de un árbol lleno de manzanas. ¿Cuál es la matemática? Cada semilla en potencia puede producir un árbol; ese árbol puede dar, digamos 100 manzanas, cada año; cada uno contiene, digamos 4 semillas…y así se va multiplicando, para felicidad del agricultor, ¡y de nosotros que nos gusta comer pastel de manzana!

La Argentina, el país donde he vivido casi toda mi vida, siempre se caracterizó por su gran producción agrícola. Cuando  uno visita el campo, puede ver cerca de la ruta, en medio de grandes extensiones de campo cultivado muy lindas y cómodas casas, con aire acondicionado, televisión satelital, y nuevos vehículos “4 por 4”; todo como resultado de esta ley  importante. Hay un refrán que dice: “El que siembra viento, cosecha tormenta”; y este dicho confirma la verdad bíblica, porque funciona tanto para lo bueno como para lo malo.

En Génesis 26: 12 dice la Biblia que Isaac, hijo de Jacob, en una época de sequía sembró  en un acto de  fe (los demás no se atrevieron) y obtuvo una gran cosecha, y llegó a ser grande y próspero. En Mt.13:8   la parábola del sembrador dice: “Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto a  ciento, a sesenta, y cuál a treinta por uno”.

4. Hay que sembrar con fe y expectativa.

Mal.3:10-11; Prov.28:27;  Ecl.11: 4;  Prov.11:25.  Una actitud de expectativa es parte fundamental de la vida de fe.  Necesitamos observar  atentamente para ver como Dios multiplica nuestra  “siembra”.    Si por alguna razón no viene la recompensa, debemos analizar nuestra forma de dar, para asegurarnos de que lo estamos haciendo bien.  En la parábola del hijo pródigo  (Lucas 15), dice que cuando  el hijo derrochador regresó arrepentido a su padre, éste lo vio de lejos, y corrió a darle la bienvenida. Es evidente que el padre oraba todos los días por su hijo extraviado, pero también mantenía una actitud de expectativa (¡quizá hoy vuelva!). Por lo visto el padre se apostaba cada día a la puerta de su estancia y miraba el camino, expectante, y un día fueron contestadas sus oraciones, y lo recibió con los brazos abiertos.

5. En lo posible hay que sembrar en buena tierra.

Jer.4:3. La Biblia habla de personas que sacan las piedras de la tierra, y arrancan las espinas, para que la semilla germine libremente. Esto significa que debemos dar a los que realmente necesitan nuestra ayuda, que lo merecen, donar a instituciones honorables y serias, y causas nobles.  Nuestras ofrendas misioneras deben ser dadas a misioneros de buen testimonio, afiliadas a organizaciones de sólida reputación, orfanatorios dirigidos por cristianos honestos y compasivos.  En esta fecha nuestra iglesia  El Renuevo sostiene con ofrendas a seis familias misioneras, en el extranjero y también aquí en Argentina. Estos misioneros con regularidad visitan las congregaciones que los sostienen, dando un informe de la hermosa labor que realizan.

Es común que personas extrañas golpean a nuestra puerta cada tanto pidiendo limosna; pero sabemos que con frecuencia son personas holgazanas, y no es sabio ayudarlos, porque estaremos fomentando su pereza. Se les  puede dar un poco de dinero, pero es mejor darles algún alimento, especialmente si son niños. Es preferible  seguir la recomendación de San Pablo en Gálatas 6, de dar ayuda a personas carenciadas de nuestra congregación, que conocemos personalmente.

El padre de un pastor amigo usaba esta estrategia con los que pedían limosna puerta por puerta: les pedía que corten el césped de su casa, o le laven el auto, a cambio de algún dinero. La  mayoría no mostraban interés en ese “método” y desaparecían rápidamente.

6. Es Dios el que da la cosecha o recompensa, no la gente. 

El evangelista Oral Roberts decía en uno de sus libros: “Si miramos a las personas a quienes hemos ayudado para que nos recompensen, seguramente nos sentiremos defraudados”.  Es mucho mejor dejar eso en manos del Señor, y que Él determine quién va a ser el instrumento que  usará para suplir nuestras necesidades. Lc.6:38.   Filipenses 4:19 dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta, conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Notemos en este versículo que DIOS es nuestra fuente de recursos, no la gente, o la empresa, o parientes. (que sólo son instrumentos). Notemos la  palabrita “pues”; el apóstol está diciendo: “Considerando que ustedes los de Filipos han sido tan dadivosos en sus ofrendas misioneras para mi persona, por lo tanto (pues) Dios proveerá todo lo que necesitan”.  Los creyentes de Filipos habían sembrado generosamente en la obra misionera, y Dios se encargaba  de darles la cosecha que anhelaban.

7. Hay que sembrar continuamente, para cosechar continuamente.

El agricultor no se conforma con sembrar un año y nunca más; cada año sin falta siembra, para asegurar frecuentes cosechas, para el sustento de él y su familia. Gál.6:9 “No nos cansemos pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Esta vida cristiana se vuelve una aventura de fe, al ver las maneras insólitas e inusuales que a veces Dios usa para suplir nuestras necesidades.

Recuerdo cuando viajaba con mi familia por primera vez por los Estados Unidos, que al concluir nuestra gira nos faltaban mil dólares para cubrir los gastos de los boletos de avión. La última iglesia que visitamos se enteró de ese faltante, y muy generosamente donó esa suma. En ese viaje también a mitad de la gira, al circular por Carolina del Norte, el motor del auto prestado que usábamos se “fundió”; un matrimonio de Michigan muy amablemente nos prestó otro auto, un hermoso Buick, y pudimos continuar nuestro viaje.

Un día de verano, yo estaba caminando por la zona peatonal del centro de Córdoba, y observé a un niño pidiendo limosna.  De repente me acordé de tanta gente buena que me ha bendecido materialmente, en Argentina y en EEUU, y decidí hacer algo al respecto. Cerca de allí había una heladería así que invité a este niño a pedir el helado que él quisiera. ¡Cómo se le iluminaron los ojos de alegría al pedir un gran helado!  Debo confesar que el gozo que experimenté con este pequeño gesto fue seguramente mayor que la alegría de este niño.

¿Qué cosas podemos sembrar?

Palabras de gratitud, elogios, obsequios, sonrisas, oraciones, alimentos, ropa, diezmos, ofrendas, visitas, transporte, besos y abrazos, palabras de fe,  aliento y consuelo, el  plan de salvación, servicio, ayudas, actos de justicia, gestos de caballerosidad (varones), tiempo de conversación y diálogo, gestos de respeto, paseos, entre muchas otras cosas.

Recordemos siempre esta promesa, en 2 Co.9: 6 y 10: “El que siembra generosamente, generosamente también segará; y El que da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia”.